ARIA GLENN GOULD


Glenn Gould [Foto: Don Hunstein / Glenn Gould Foundation]


[...]

Alguna vez quise escribir un libro titulado Variaciones Goldberg.

 

No sabía cómo. No lo sé.

 

Pensé en una recopilación de versiones.

 

Variaciones de idas y venidas, de textos engavetados.

 

No es idea original. Lo sé.

 

Debo, por si acaso, averiguar vericuetos legales.

 

Johan Sebastian Bach, su supuesto autor (casi todo es duda en las Variaciones),  está muertísimo. Y es mi apellido. Tengo derecho a variar,  desvariar,  emprender variaciones.

 

Por eso este blog.

 

[...]

Más o menos así arrancó todo.

 

Desayuno de Jueves Santo de 2023.

 

Hernán pone un video de Glenn Gould tocando las Variaciones Goldberg BWV 988 en la mítica grabación de 1981, la última que hiciera.

 

Rara vez miro con detenimiento al intérprete.

 

Pero. Lo miré.

 

Gould luce encorvado, sus manos con cierta rigidez. Habla, tararea o canta. Quizás reza. Después sabré que articula cada nota en voz alta, tanto que en algunas  grabaciones llega a escucharse.

 

Presencio una discapacidad.

 

Hernán dice que lo ve «quebradito». Así han de verme a mí, pienso.

 

Digo «quizás era distonía». Pienso en mi distonía.

 

Busco una biografía.

 

Llego a la novela El malogrado de Thomas Bernahard.

 

Llego a Glenn Gould / No, no soy en absoluto un excéntrico, un libro articulado por el cineasta Bruno Monsaingeon.

 

Empiezo a leer.

 

Busco la última versión que tocó Gould de las Variaciones Goldberg, hecha en un estudio e incorporando las maravillas que le ofrecía la tecnología. En 1964 decidió exiliarse de la tiranía de los escenarios y dedicarse al trabajo en estudio, donde la experimentación podía verterse según sus tiempos y antojos. Tenía 34 años y un espíritu de obsesivo perfeccionismo.

 

[...]

Debo buscar quién fue Johann Gottlieb Goldberg, el músico alemán de las Variaciones, que tocaba para el conde Keyserlingk.

 

De mi familia Goldberg casi nada sé. Indagar me llevaría al pajar, nunca a la aguja. Las páginas amarillas de Estados Unidos muestran a miles de Goldberg. Famosos algunos. Hay incluso varias Jacqueline. Hubo un hermano de mi abuelo, pelirrojo. Lo vimos dos horas en un café del aeropuerto de Dallas. Íbamos a Las Vegas. Hicimos escala allí por casualidad. No sé cuándo murió, qué hacía, cómo se salvó del Holocausto ni por qué llegó a Texas. Solo sé que era pelirrojo. Nunca pregunté a mi papá por él. Ya no tengo Goldberg a quién llamar. 

 


[...]

No tengo oído.

 

No comprendo las variaciones de las distantes [quise escribir distintas] versiones de las Variaciones Goldberg interpretadas por Gould. La primera en 1955 y la próxima cinco semanas antes de que falleciera.

 

Leo que los 32 compases del aria inicial se alargaron hasta los 3 minutos y 4 segundos en la segunda grabación. De hecho la duración total de la obra pasó de 38 minutos, en 1955, hasta superar la cincuentena en la nueva variación grabada en el legendario estudio de Columbia de la calle 30 de Nueva York, poco después derruido. Leo que la primera grabación contenía la exuberancia y aceleración que marcaban los 22 años del músico y que su segundo trabajo es más bien mesurado, con los matices que aporta la madurez. El tema es el tempo, el de Bach, el de Gould. El tempo de las edades, los escuchas, las herramientas.

 

No tengo oído. Tampoco odio.

 

Por eso dejé de tocar piano. Y porque en mi infancia el piano fue un artefacto de rehabilitación musculoesquelética e  instrumento de tortura. Ya lo conté en mi libro El cuarto de los temblores.

 

 

[...]

Llego a las palabras del propio Gould. Las varío:

 

«Cuidarme las manos revela buen juicio.

Llevo guantes la mayor parte del tiempo.

Tengo mala circulación.

A causa de ello las sumerjo en agua caliente

antes de cada concierto.

Me gustaría nadar normalmente,

pero mis manos quedarían afecta­das durante días,

así que llevo guantes de caucho

que cubren totalmente mis brazos.

Me río al escuchar a la gen­te decir que soy excéntrico.

Deberían haberme visto cuando tenía diecisiete.

En esa época sí que era un auténtico personaje.

El insomnio es sólo una de mis muchas neurosis.

Leo a menudo hasta las cuatro o las cinco de la madrugada,

y no consigo dormirme.

He probado muchos somníferos pero no siempre funcionan.

Viajo también con medicamentos para la circulación sanguínea,

píldoras contra el catarro y muchos otros comprimidos.

De ahí que me tomen por drogadicto.

Se ha exagerado.

Un periodista llegó a escribir

que viajaba con una maleta llena de comprimidos.

En rea­lidad, apenas llenan un maletín.

Tengo necesidad de experi­mentar la sensación

de que los que tocan no son mis dedos,

que no son más que simples extensiones inde­pendientes

en contacto conmigo en ese preciso instante.

Necesito encontrar un medio de distanciarme de mí mismo

sin dejar de estar completamente comprometi­do con lo que hago».

 

 

[...]

Todo lo que tiene que ver con las Variaciones Goldberg son en sí mismas variaciones. Desde la composición hasta la interpretación de Gould.

 


[...]

Leo que en una lectura ofrecida por Paul Auster de su novela La invención de la soledad sonaban fragmentos de Variaciones Goldberg. Hoy Auster está enfermó. Siri Husvedt, su esposa, dice que vive en Cancerlandia. Conozco esa tierra baldía, es redonda y negra.

 

Leo que la sonda Pioneer 10, lanzada por la NASA con el propósito de explorar los confines del espacio exterior, portaba las Variaciones Goldberg que Glenn Gould grabara en 1955. En 2003 la sonda perdió potencia y dejó de enviar señales. Las Variaciones vagan por el universo. Si alguna civilización extraterrestre la encontrase Gould será primordial vocero de la humanidad. 

 

Leo que Variaciones Goldberg actúan como hilo conductor en el ambiente claustrofóbico de un conservatorio en la novela El asesino del pentagrama de Sergio Mira Jordán.

 

Leo que hay una obra teatral llamada Variaciones Goldberg, de George Tabori, dramaturgo británico nacido en Hungría y que vivió en Berlín.

 

Leo que en la película El silencio de los inocentes, Hannibal Lecter (encarnado por Anthony Hopkins) escucha Variaciones Goldberg antes de asesinar a los policías que lo custodian.

 

Debo ver el documental Glenn Gould: Hereafter, dirigido por el melómano y especialista Bruno Monsaingeon. 

 

Debo buscar la biografía escrita por Kevin Bazzana.



[...]

¿Qué hacía yo el 4 de octubre de 1982? Fue lunes. Seguramente en la mañana ir al colegio (cursaba el último año de bachillerato) y en la tarde estar en casa haciendo deberes. Ese día murió Glenn Gould en el Hospital General de Toronto. El 25 de septiembre había cumplido cincuenta años, dos días después sufrió una hemorragia cerebral y nunca más recuperó el conocimiento.

 

En su funeral sonó el aria de Variaciones Goldberg en su propia versión recién grabada.

 

 

[...]

Los especialistas determinaron que el comportamiento de Gould entraba dentro del espectro autista. Lo determinaron tras su muerte.

 

Me interesa más la presunción de su distonía focal. Que tenía o llegaría a tener.

 

Varios aspectos hablaron de ello: pérdida de control de los trinos, incapacidad de regular el volumen sonoro, movimientos involuntarios, falta de coordinación, dolor y rigidez en ambas manos y en las muñecas, adormecimiento de sus dedos, dolor en las articulaciones de los dedos, la curvatura de su espalda, posiciones y movimientos de cuello y hombros, las muecas de su rostro.

 

Gould sabía lo que le ocurría y emprendió estrategias para reeducar sus dedos. Muchas de sus supuestas excentricidades respondían a ello.

 

En el año 2000, el neurólogo Frank R. Wilson, director del Peter F. Ostwald Health Program for Performing Artists de la Universidad de California, publicó un artículo en el que argumentaba que la propia naturaleza de las manos de Gould parecía predestinarlo a la distonía focal: cuando sus dedos medio y anular descansaban uno al lado del otro, las yemas de los dedos convergían e incluso a veces se superponían, y señaló que esos dedos raramente los separaba lateralmente en el teclado.

 

El propio Gould respondió en una entrevista: «En las películas sobre Bach que prece­den a la de las Variaciones Goldberg (la tercera de la serie), toco un montón de fugas. En cada ocasión, dirijo el tema de la fuga con la mano que no está tocando, y las triples fugas son dirigidas en tres ocasiones. No se trata de un amanera­miento. No consigo controlarme, y para impedirme dirigir tendrían que atarme la mano a la espalda, literalmente. No sabría cómo articular la música correctamente sin dirigir».

 

Asumiendo el control de sus males consiguió grabar las Variaciones Goldberg. Y morir en paz. ¿En paz?
 

 

[...]

En septiembre de 2022, cerca a cumplirse los noventa años del nacimiento de Gould y cuarenta de su fallecimiento, Sony Classical publicó la sesión de grabación inédita de sus Variaciones Goldberg BWV 988, con 11 discos y un libro de 216 páginas que contiene tomas y las conversaciones que mantuvo el pianista durante su encierro con los ingenieros de sonido. Lo escucho, no distingo, no escucho, nada sé. Varío, desvarío.



[...]

Ya escribí sobre las Variaciones Goldberg.

 

Ya me justifiqué.

 

Pido disculpas a los expertos en las Variaciones.

 

Ahora, huérfana como ando de portales donde publicar mis variados desvaríos, sigo con este nuevo blog que dirá de todo y de nada, lo que pueda, lo que me alcance. Serán variaciones. Mis variaciones. Variaciones Goldberg.

 


[...]

Fuentes [casi todas]

Biedma, Eugenia (June, 2022). The Two Faces of Glenn Gould: On His Health and Personality. The Glen Gloud Foundation. https://www.glenngould.ca/2023/01/24/the-two-faces-of-glenn-gould-on-his-health-and-personality/ 

 

Gould, Glenn. (2017). No, no soy en absoluto un excéntrico. Madrid: Acantilado.

 

Narbona, Rafael. (20 de noviembre de 2018). Thomas Bernhard: el hechizo de Glenn Gould. El Español. https://www.elespanol.com/el-cultural/blogs/entreclasicos/20181120/thomas-bernhard-hechizo-glenn-gould/354834516_12.html

 

Rosado, Benjamín. (28 de septiembre de 2022). Bach, el último murmullo de Glenn Gould. El Mundo. https://www.elmundo.es/la-lectura/2022/09/28/632b2dcd21efa0c1568b45a2.html

 

 

La silla de Glen Gould en el Salón del Mueble de París


Comentarios

  1. Tú dirás que te limitaste a poner en el blog lo que sabes, y acaso algunas impresiones, pero este texto es formidable, y no me refiero solo a la fascinación que pueda producir Gould. Sí pienso que debes escribir un libro con ese título, y este texto de aquí puede ser el comienzo de eso que pareciera estar rompiéndote la boca para salir. Veo un personaje que ensaya una vida, o muchas variaciones de una vida, quizá una imitación de felicidad, pero no logra ver sino como la vería una cámara. Veo mucho más. El personaje no puede estar allí, no está, aunque la gente cree que sí. Veo mucho, mucho más. No sé, tonterías que uno escribe, pero veo portentos.

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  2. Buenísimo. Soy fanático de Gould y de las Variaciones. Gracias por esta belleza de texto.

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