VARIATIO 2: JOSÉ BALZA
SETENCIENTAS PALMERAS PLANTADAS EN LA POESÍA DE JOSÉ BALZA
El 19 de enero este casi remoto 2023, la editorial venezolana Eclepsidra presentó su reedición de la novela Setecientas palmeras plantadas en un mismo lugar, del maestro José Balza. Lo que sigue es el breve texto que leí aquel día, aunque no soy crítica literaria ni docente, solo lectora, admiradora y amiga del autor. Prometí a José Balza enviar este texto por correo, nunca lo hice. Para él aquí lo dejo.
Voy a comenzar esta cuartilla emulando un trocito de segundo párrafo del prólogo de Ernesto Pérez Zúñiga.
1974. Esta es la fecha de publicación de Setecientas palmeras plantadas en un mismo lugar. Tengo ocho años. Faltarían diez para que conociera a José Balza. Para que lo empezara a leer y nos encontráramos.
Recuerdo diáfanamente esa tarde, como si hubiese sido hoy mismo. Lo llevaron al Centro de Bellas Artes de Maracaibo para una conferencia (quizás promocionaba aún Percusión, publicada dos años antes) y en un pasillo nos obsequió unos momentos a quienes hacíamos el taller literario con Néstor Leal. Fue un flechazo. Me enamoré de su trabajo y de él platónicamente. Leí todas sus novelas y relatos publicadas hasta el momento.
En adelante, seguimos viéndonos en muchos de mis viajes a Caracas y creo que el flechazo fue mutuo porque unos años después, en 1990, me confió el manuscrito de La sirena de perdernales, que osadamente publiqué con Ediciones Dharma, un diminuta editorial en la que yo misma transcribía los textos, los ensamblaba en una edición cartonera y hasta los distribuía en librerías capitalinas.
Desde aquel 1984 leo a José encantada por la poesía que hay en su prosa. Por lo fragmentario, rítmico, sonoro, poético y preciso de su lenguaje. Por sus palabas caudalosas, luminosas, acuciosas. Por su poesía, pues. De hecho, lo sabemos sensible lector de poesía.
Leo a José con las mismas sensaciones y emociones que me produce la poesía. No exagero. Estas frases de la novela lo demuestran científicamente:
«Debí prestar atención al tardío florecimiento de los ciruelos y a la carga retrasada del caimito: notas vagas».
«Es tan fuerte la atmósfera de tallos rotos y vegetales doblados que a mi conciencia sube una bruma de fuegos y esmeraldas».
«Murmurar en las mañanas un verso, una frase de Valéry: eso volcaba todas las hojas del monte en mi cabeza».
Hace cuatro años le comenté a José que estaba trabajando en una noveleta que ocurría toda dentro de un avión. Recuerdo que me dijo muy enfáticamente: «no hagas que ese personaje diga jamás que está dentro del avión». Fui desobediente. El personaje dice todo el tiempo dónde está. Perdón, querido José. El caso es que he recordado eso y he pensado en esta novela que Eclepsidra ha tenido el tino de reeditar en el país donde la palabra más opaca para los editores es, precisamente, reeditar. He pensado en el lugar de la historia, en todo lo que el lugar, que es protagonista en esta novela, dice y deja de decir para que el personaje pueda hacia el final confesar poéticamente: «sin saberlo volví a San Rafael a cumplirme».
Aquí estamos pues, cumpliendo, cumpliéndonos en el deber de leer y releer a José Balza, con afecto, agradecimiento por su obra y siempre profunda admiración.
![]() |
| Con Carmen Verde Arocha, José Balza y Oscar Marcano |


Comentarios
Publicar un comentario